HISTORIA

La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y las Artes

por JUAN LUIS BLANCO MOZO
Amigo de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País

Desde los inicios de la aventura ilustrada las Bellas Artes estuvieron muy presentes en el proyecto educativo de la Sociedad Bascongada. De entre todas ellas, el dibujo fue el instrumento que mejor encajó en el espíritu pragmático y en la fuerte inclinación por las ciencias útiles expresada por el grupo fundador. Lejos de entenderse como una mera disciplina estética, se constituyó como una práctica esencial para el perfeccionamiento de las artes mecánicas, como gramática básica de cualquier oficio, según los postulados expresados en el Discurso sobre el fomento de la industria popular (Madrid, 1774) de Pedro Rodríguez de Campomanes. El dibujo fue introducido en la educación primaria de la mano de las escuelas de letras menores abiertas por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País en Loyola, Bergara, Vitoria, Bilbao y San Sebastián, significado como una materia esencial para el desarrollo profesional de actividades mercantiles y artesanales. Tuvo también un lugar destacado en el plan de estudios del Real Seminario de Bergara.

Pero donde mayor proyección encontró esta disciplina fue en las Escuelas de Dibujo de Vitoria, Bergara y Bilbao inauguradas en 1774 por la Sociedad. Se puede decir que en la configuración de estos centros educativos precipitaron el modelo docente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, basado en la primacía del dibujo como fundamento de las nobles artes; y el empeño ilustrado, en la línea de lo expresado por Campomanes, de extender y facilitar una formación adecuada a los artesanos. En la práctica este factor económico fue complementado por una valoración estética que enriqueció la experiencia ofrecida en estas escuelas.

De una manera más limitada la arquitectura tuvo su hueco en el proyecto ilustrado. Está presente en su programa fundacional, el conocido Ensayo de la Sociedad Bascongada (Vitoria, 1768). En una sección dedicada a la arquitectura civil fue publicado el Discurso sobre la comodidad de las casas, que procede de su distribución exterior e interior, escrito por José María Aguirre Ortés de Velasco, V marqués de Montehermoso. Se trata de un concienzudo estudio sobre el problema de la vivienda unifamiliar burguesa dividido en dos partes. En la primera se abordan los problemas de su ubicación, de su distribución interior y de sus comunicaciones internas y externas; y en la segunda, más explícita, se plantea un recorrido por las diferentes habitaciones y dependencias que la componen, en la que destaca la extensión tributada al problema de la escalera. A lo largo de este tratado se advierte la espléndida formación de su autor, su dominio de la teoría de la arquitectura –desde Vitruvio al abate Laugier pasando por Palladio y fray Lorenzo de San Nicolás— y el conocimiento de la realidad sobre la que habla, principalmente la arquitectura doméstica francesa e italiana, y en menor medida, aunque también presentes, la británica y la holandesa.

Por lo demás la arquitectura civil y militar, como el dibujo o las matemáticas, estuvo representada en el plan de estudios del Seminario de Bergara con un nítido carácter formativo y nunca bajo un interés profesionalizante.

Decantada por las ciencias útiles, la Sociedad puso especial interés en el arte del grabado conocedora de la importancia de esta disciplina a la hora de transmitir los saberes científicos y técnicos. Contó en sus filas como socios profesores a un nutrido grupo de grabadores de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: los cuatro pensionados que la Academia envió a París en 1752 para formarse en esta técnica artística, a saber, Tomás López (1772), geógrafo del rey; Juan de la Cruz Cano Olmedilla (1774), Alfonso Cruzado (1775) y Manuel Salvador Carmona (1775); Tomás Francisco Prieto (1778), director de grabado de la citada Academia y grabador general de todas las casas de la moneda de España e Indias; Francisco Asensio y Mejorada (1776), abridor de las láminas del Arte de escribir de Francisco Javier de Santiago Palomares; y Gerónimo Antonio Gil (1793), primer grabador de la Casa de la Moneda de Méjico y director general de la Real Academia de San Carlos de la Nueva España. De entre todos ellos destaca la figura de Manuel Salvador Carmona, quien abriría la lámina del logotipo de la sociedad con las tres manos entrelazadas y el "irurac bat"; y el retrato del conde de Peñaflorida, dibujado por el pintor Luis Paret.

El V marqués de Montehermoso fue el principal nexo de unión de la Sociedad Bascongada con la Academia de San Fernando, de la que fue académico de mérito por la pintura desde 1756. En las Juntas Generales de la Bascongada celebradas en Bergara en septiembre de 1773 se decidió crear una galería de retratos de los socios más distinguidos que se ubicaría en la casa de juntas de cada provincia. Con el tiempo la idea se concretó en beneficio de una denominada "sala de patriotas" situada en el Real Seminario de Bergara. En la medida que fueron falleciendo los primeros fundadores y valedores de la Sociedad se intentó incorporar sus retratos a esta sala, bien mediante el encargo a un pintor de un retrato póstumo o bien a través de la adquisición de uno ya existente propiedad de la familia del difunto. Éste fue el caso del que representaba a Nicolás de Arriquibar aportado por su hermana en 1780. Queda constancia del encargo del retrato de Ambrosio de Meabe en 1782; otro del marqués González de Castejón, un año después; el de Francisco de Laguardia, marqués de Castillejos en 1792; y, según una carta de Montehermoso a Lorenzo del Prestamero, del retrato que se pintó en Madrid del conde de Peñaflorida en los primeros meses de 1792. El cuadro del marqués de Valdelirios, el de Narros pintado por Carnicero, donde se alude a su cargo de director del laboratorio de Bergara, y quizás alguno de los tres que se conserva de Eugenio de Llaguno pudieran haber pertenecido a la colección de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.

Además de estas noticias sobre la pintura, en 1783 la Sociedad dio comisión a Montehermoso para contratar en Madrid la ejecución de un busto de Carlos III de mármol de Génova y de la mejor mano. El artista elegido debió de ser Robert Michel, escultor del rey y director de escultura de la Academia de San Fernando y tal vez se trate del mismo que en 1792, según la Guía de forasteros en Vitoria escrita por el citado Montehermoso y por Lorenzo Prestamero, se encontraba en la sede vitoriana de la Bascongada.

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