HISTORIA

La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y América

por MONTSERRAT GÁRATE OJANGUREN
Amiga de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País

Tras crearse la Sociedad Bascongada, tuvo lugar una expansión de sociedades ilustradas, tanto en España como en América. Dentro de este movimiento de expansión del espíritu ilustrado en Ultramar, llama la atención además, que entre las distintas sociedades de Amigos del País fundadas en Santiago de Cuba y La Habana, Guatemala, o Perú, algunos de sus miembros, también pertenecieron a la Bascongada. Además, el fenómeno asociativo en torno a un ideario ilustrado en aquellos espacios alcanzó un significado muy particular en el caso de Méjico. En este caso, no surgió una sociedad de Amigos del País propia, sino que fue muy elevado el número de individuos que se incorporaron a la Bascongada como socios beneméritos.

En el caso de Cuba, serían dos las sociedades ilustradas que surgen, una en Santiago de Cuba (1787) y la otra en La Habana (1792), aunque tan sólo esta segunda, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana tendría una actividad destacable, a pesar de haberse constituido después de la de Santiago. Ambas mantuvieron una relación destacable con la Sociedad Bascongada. Al poco de fundarse en Santiago de Cuba, solicitaba al Seminario de Bergara un maestro para su programa de educación de niños, así como libros que sirvieran para iniciar su labor docente.

Sin embargo, la relación de la Económica de Amigos del País de La Habana fue más intensa, a través de sus numerosos socios que también pertenecieron a la Sociedad Bascongada. Los 63 socios cubanos que fueron socios beneméritos de la Sociedad Bascongada residían en La Habana. En su mayor parte eran nacidos en la metrópoli o criollos. Entre ellos, cabe destacar el grupo de comerciantes y a cierta distancia el de funcionarios (ligados con altos cargos de la administración y la factoría de tabacos de La Habana) y militares. Su relación con la Bascongada explica la presencia de un número significativo de alumnos cubanos en el Real Seminario de Bergara, en su mayoría, hijos de aquellos socios.

El ejemplo de Perú y su relación con la Sociedad Bascongada, resulta muy peculiar. Fueron precisamente los socios beneméritos de la sociedad ilustrada vasca los que, a decir de Lohmann Villena, derrocharon una ejemplar actividad intelectual en Perú, comprometiéndose en los quehaceres de corporaciones surgidas en aquel espacio al calor de la ilustración para asegurar -en términos ilustrados- la felicidad de los vasallos y el desarrollo económico de la nación entera. Aquellos socios beneméritos ejercieron un importante papel en el Diario de Lima o el Mercurio Peruano. Ambas publicaciones fueron la expresión de la cultura en general, representando una apertura hacia todo lo relacionado con la vida intelectual y con el bienestar del país en el que vivían. Entre los suscriptores por ejemplo, del Mercurio -aproximadamente 318 abonados-, 46 eran al mismo tiempo socios de la Sociedad Bascongada. La influencia de estos personajes en la sociedad de la época salta a la vista. Algunos eran altos funcionarios; otros aristócratas; o también comerciantes. Entre los primeros hubo dos virreyes (Guirior y Jáuregui), un subinspector general de las tropas del virreinato y posteriormente magistrado (Avilés), un fiscal del tribunal limeño (Gorbea), un oidor de Lima (de la Mata), tres ministros limeños... El grupo de la aristocracia, tanto la titulada como la distinguida con órdenes militares, estuvo formado por aquellos que simultanearon esa condición con el ejercicio de cargos políticos de responsabilidad o con actividades industriales. De los 46 socios de la Real Sociedad Bascongada, 10 eran santiaguistas, 3 caballeros de Calatrava y otros 3 fueron elevados a la orden de Carlos III. Algunos además ostentaron diversos títulos nobiliarios. También hubo navieros, comerciantes con cargos en el Consulado, etc.

Pero el grupo, no sólo más numeroso, sino el más brillante fue aquel que destacó por sus dotes en el campo del pensamiento, de la literatura, además de por su talento, su enseñanza, instrucción y por sus avanzadas ideas.

En su mayor parte, este grupo de socios beneméritos de la Sociedad Bascongada, también se incorporarían a la Sociedad Académica de Amantes de Lima (o Real Sociedad de Amigos del País Limano), cuyo máximo órgano de expresión fue precisamente el Mercurio Peruano.

Fuera de la capital peruana, también hubo presencia de socios de la Sociedad Bascongada. Concretamente en la ciudad de Arequipa eran nada menos que 32, los socios de la Bascongada. Entre sus profesiones destacan los militares, hombres de la administración y un buen número de religiosos notables que ocuparon importantes cargos en la diócesis. Entre ellos cabe citar a Juan Domingo de Zamácola, quien dejó una destacada obra escrita. Y si importante fue la presencia de socios beneméritos de la Sociedad Bascongada en Arequipa, también fueron varios los alumnos arequipeños en el Seminario Patriótico de Vergara, algunos como Cosío y Urbicain u O'Phelan y Recavarren, hijos de socios vascongados.

La expansión del pensamiento ilustrado en Arequipa, llevó a la fundación de la Sociedad Mineralógica de Arequipa, de claro talante ilustrado, cuyo objetivo era trabajar las minas, facilitando su explotación, "para que –según rezaban sus fines- siendo más abundantes, no seamos meros administradores de las riquezas naturales del Perú". La dirección en sus orígenes estaba compuesta por siete miembros, de los que cinco eran miembros de la Sociedad Bascongada.

En cuanto a Méjico, salta a la vista el abultado número de socios de la Sociedad Bascongada: más de 500. Y aún resulta más sorprendente la ausencia en suelo mejicano de una sociedad económica de amigos del país. La adscripción a la Sociedad Bascongada constituye un dato común de aquéllos, cuyos lazos de unión se basaban en las conexiones familiares, en sus ideales y actividades compartidas, más allá del simple paisanaje.

Quienes se incorporaron como socios beneméritos a la Sociedad Bascongada, formaron un grupo de gran influencia en la sociedad mejicana, tanto en el ámbito intelectual, como económico y político. Algunos destacaron en el campo científico y humanista colaborando con su obra y pensamiento a la difusión cultural (Alzate, Martínez de Aguilera, Arregui, Elhuyar –quien se trasladó a Méjico como director del Colegio de Minería-, Lasaga, etc.). Muchos, favorecieron la adecuación de la economía novohispana a las reformas del Estado borbónico desde los cargos que ocuparon en instituciones como el Consulado (Basoco, Iratea, Icaza), las aduanas (Astigarreta), la administración novohispana (el virrey Bucareli; los oidores Villaurrutia, y Viana, Conde de Tepa, del Consejo de Indias), o los gobiernos municipales (los alcaldes mayores Goytia, Villasante o Victorica, etc.). y no pocos organizaron la economía nacional después de la independencia mejicana.

Pero quizá, el grupo más relevante fuera el de los comerciantes. Muchos de ellos compartían su condición de hacendados, mineros, etc., con el de regidores y administradores en distintas instituciones. Su influencia en la economía mejicana fue notoria, y su presencia en los órganos de gobierno en el Consulado, cuando menos fue llamativa, acaparando los cargos de prior y cónsules.

La presencia en Buenos Aires, no es comparable por ejemplo, con el elevado número de socios en Méjico. Sin embargo, la Sociedad Bascongada logró reclutar altos dignatarios eclesiásticos, funcionarios de la administración de niveles elevados, gentes dedicadas al comercio al por mayor, tal y como destacó el historiador José Mª Maríluz Urquijo. Todos ellos tenían en común su preocupación por la mejora de las condiciones económicas, culturales o sociales del lugar en el que residían. Eran hombres prácticos y de acción, interesados por las reformas de la sociedad y por la difusión del saber utilitario, para lograr mejorar las condiciones de vida. Pero ¿quiénes fueron los personajes vinculados a la Sociedad Bascongada? Entre los altos funcionarios destacan virreyes (Vértiz, del Pino, Avilés), regentes (de la Mata Linares), burócratas (Albizuri), hombres de negocios (Sarraeta que además fue vice-recaudador y comisionado de la Sociedad Bascongada junto con Ugarte), comerciantes, etc. Y como ocurrió con los socios de la Sociedad Bascongada en Cuba o Méjico, también algunos de sus hijos engrosaron la lista de alumnos del Seminario de Vergara (como es el caso de Manuel y Mariano Sarraeta).

Tampoco en este caso llegó a formalizarse una sociedad económica de amigos del país, a pesar de varios intentos. Sin embargo el primer periódico impreso en Buenos Aires, el Telégrafo Mercantil, Rural, Político-Económico e Historiógrafo del Río de la Plata, dedicó un artículo a las sociedades patrióticas de amigos del país, como muestra de la difusión que habían alcanzado aquéllas. Y fueron algunos socios beneméritos de la Sociedad Bascongada los que colaboraron en la difusión de las ideas librecambistas y en la erección del Consulado, como apoyo al comercio del virreinato del Río de la Plata.

En otros espacios americanos como Guatemala, Mompox o Puerto Rico, si bien hay ausencia de socios de la Sociedad Bascongada (o en todo caso es muy escasa, como en Guatemala, que sólo se ha identificado a uno), su influencia fue clara a la hora de establecer sus respectivas sociedades económicas de los amigos del país. En los espacios mencionados, los estatutos y objetivos de la Sociedad Bascongada fueron conocidos y tenidos en cuenta en el establecimiento de sus homónimas corporaciones ilustradas, siempre atendiendo a las características y condiciones de cada lugar.

 

Bibliografía:

La Real Sociedad Bascongada y América. Fundación BBV, colección Documenta, Bilbao, 1992.
La RSBAP y Méjico. Actas del IV Seminario de Historia de la RSBAP, San Sebastián-Mexico, 1994.

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